DALIA
Dos días habían pasado desde aquel huracán en la oficina, desde la tensión, desde las palabras que aún resonaban en mis sueños. Y sin embargo, todo parecía volver lentamente a la calma.
Esa mañana el sol entraba por la cocina mientras yo acomodaba los pasteles en cajitas, lista para llevarlos al minimarket. El aroma dulce me llenaba de paz, y cada tanto sentía los labios de Adriano posarse sobre los míos, robándome un beso fugaz que me dejaba sin aire.
—Amor… paso por ti como siempre, almo