ADRIANO
El sonido de las teclas llenaba mi oficina. La pantalla frente a mí mostraba cifras, gráficos, reportes… pero mi mente estaba lejos. Muy lejos. Ver a Dalia otra vez acosada por ese hijo de puta me ponía los pelos de punta, tendría que hacerle una visita, de esas que no dejan dudas que te debes alejar.
La puerta se abrió sin que yo diera permiso sacándome de mis pensamientos.
—Uuuy, mi cursi amigo… —canturreó Gael, entrando como si fuera dueño del lugar—. ¿Desde cuándo compras flores?
Fru