Mundo ficciónIniciar sesiónLa puerta de la mansión se abrió y el aire de la calle entró con olor a lavanda. Al primer paso reconocí su andar lento, pesado, ese ritmo distinto que solo tiene Dalia cuando está agotada. Cerré la carpeta que estaba revisando, dejé el bolígrafo en la mesa y me levanté de inmediato.
Ella entró,







