Mundo ficciónIniciar sesiónANNALENA
La mañana aún olía a madrugada cuando sonó mi celular sobre la mesita de noche. Apenas lo escuché, rodé entre sábanas y gemí de fastidio. Armando, en cambio, abrió un ojo, con ese gesto medio asesino que tiene cuando alguien interrumpe su descanso. Tomé el teléfono rápido, no fuera a ser que lo estrellara contra la pared como otras veces.
—¿Adriano? —p







