DALIA
El trayecto de regreso fue tranquilo. El motor del auto sonaba constante, como un fondo discreto para mis pensamientos. Adriano conducía con una mano en el volante y la otra apoyada relajada en su pierna, pero de vez en cuando me lanzaba una mirada de reojo. Yo fingía mirar por la ventana, observando cómo la ciudad cambiaba de edificios altos y fríos a calles más humildes, con paredes pintadas y ventanas llenas de macetas.
La feria había sido… diferente. No podía recordar la última vez qu