Nuestros bebés al fin en mis brazos.
ADRIANO
El hospital estaba más tranquilo. Los pasillos ya no olían a sangre ni a miedo, sino a desinfectante y esperanza.
Dalia dormía, pero su respiración era tranquila, su color había vuelto lentamente. Se veía más repuesta.
Me quedé sentado junto a ella, acariciando su cabello con cuidado, como si al hacerlo pudiera borrar todo lo q