ANALENA
Los dias en casa de Adriano habían sido agotadores, llegue casi dormida directo al baño, el sonido del agua aún me retumbaba en los oídos cuando salí de la ducha. La piel húmeda brillaba bajo la luz tenue del baño, y el vapor aún flotaba como un velo alrededor de mí. Suspiré al envolverme en una bata ligera; por primera vez en días, podía dejar que mis músculos cedieran un poco.
Había pasado noches enteras en la mansión de Adriano, pendiente de Dalia, de los trillizos, de que ningún ru