ANASTASIA
El primer sonido que escuché fue el pitido rítmico de una máquina.
Lento, constante.
Por un momento no entendí dónde estaba.
El aire olía a alcohol y desinfectante, mis costillas ardían, y la cabeza me daba vueltas.
Intenté moverme, pero un dolor agudo me atravesó el costado, obligándome a soltar un gemido.
—Ah… MlERDA… —susurré, entre dientes.
Entonces lo sentí.
Un peso tibio sobre mi mano.
Bajé la mirada con esfuerzo… y lo vi.
Gael.
Su cabeza descansaba sobre la orilla de la cama, d