Luchando por cinco minutos.
GAEL MARCHANT
El gimnasio vibraba con el eco de los golpes.
El aire olía a sudor, a tensión, a rabia contenida.
Y en medio de todo, ella.
Anastasia.
Frente a Celia, tambaleante, con la cara ensangrentada y el cuerpo cubierto de moretones.
—¡Ríndete! —rugió Celia, lanzando otro golpe que la hizo caer de rodillas.
El impacto resonó seco.
Anastasia se llevó una mano al abdomen, respirando con dificultad.
Podía ver cómo cada bocanada de aire la hería.
Podía ver su sangre, roja sobre el tatami blanc