JACKELINE
El disparo truena.
No siento dolor.
Abro los ojos asustada que el disparo hubiera herido a Dalia, pero ella me mira con sus ojos grises diciendome que está bien.
Volteo y Jeremías está de pie, congelado, con un agujero en la frente. La sangre baja lenta. Se tambalea. Cae como un saco. A su lado, Alessandro sostiene el arma humeando. Nadie respira. Sus hombres se quedan mudos. No entienden nada.
Alessandro guarda el arma. Camina hacia mí. Yo sigo abrazando a Dalia, cubriéndola con mi