DALIA
El auto se detuvo frente a Urgencias y el mundo empezó a moverse más rápido que mi miedo. Adriano me bajó en brazos como si el suelo quemara. Lía abrió paso con una sola mirada. Enzo habló con el guardia sin dejar de mirarme el labio partido. Yo sentí a mis tres pequeños como un rumor tibio bajo la mano.
—Estoy bien —le dije a Adriano, solo para verle aflojar los hombros un poquito—. Ellos también.
—No voy a creerlo hasta oírlo —respondió, y besó mi frente.
Me recibieron en una sala clar