ADRIANO
Tenía la carpeta de los exámenes sobre el escritorio y la chaqueta lista en el respaldo. Habíamos hablado de llegar temprano a la clínica y de apostar por los nombres como si fuera un juego secreto. Imaginé la mano de Dalia en la pancita y esos tres golpes pequeños que a veces aparecen cuando apoyo la palma. Hoy conoceríamos una pista de su mundo: si eran niños, niñas, o ese empate hermoso que nos hacía reír.
Vibró el teléfono.
—Enzo —dije con la sonrisa que se me escapa solo con los mí