ADRIANO
Suspiré, dejando que el silencio del despacho se hiciera más largo de lo necesario.
A mi lado, Alessandro miraba el vaso vacío que sostenía entre las manos.
—¿Qué piensas? —le pregunté, rompiendo el silencio.
Alessandro levantó la mirada, con ese gesto suyo que siempre parece medir cada palabra antes de soltarla.
—Pienso que Valerio ama con una intensidad que da miedo —dijo al fin—.
De la misma manera que amas tú, que ama Enzo… que amo yo.
No hay medias tintas en eso.
Y él está enamorad