VALERIO VISCONTI
El rugido de las balas resonaba en cada rincón de la mansión.
El aire estaba denso, cargado de pólvora, miedo y rabia.
El sonido de los disparos se mezclaba con los llantos de los bebés y los gritos de los hombres intentando mantener la posición.
—¡Valerio! ¡Vienen por el flanco este! —gritó uno de los guardias mientras caía detrás del sofá.
—¡Cúbranse! ¡No dejen que se acerquen a la sala! —respondí, apuntando y disparando sin dudar.
Cada vez que una sombra aparecía en el umbra