DALIA
Estaba junto a la cama, doblando cuidadosamente algunas de mis prendas y guardándolas en la maleta. Cada movimiento se sentía más pesado de lo que debería. Era solo ropa, zapatos, un par de cuadernos… y sin embargo, cada pieza que colocaba llevaba encima un peso invisible.
La mansión. Esa casa había sido un refugio y el lugar que más dolor me causó al mismo tiempo. Donde aprendí a amar a un Adriano roto, postrado en una cama, pero también donde conocí a un Adriano frío, distante, el hombre