ADRIANO
La mansión estaba en silencio, demasiado para mi gusto. Llevaba horas encerrado en el despacho, revisando una y otra vez los informes que Gael me había dejado. Cuentas europeas, transferencias limpias, rastros que alguien con demasiado poder intentaba ocultar. Había cruzado información con lo que me había entregado Enzo.
Mis ojos ardían, pero el cansancio no me dejaba dormir. No desde que Dalia se había ido. No desde que la dejé marchar con el corazón hecho pedazos. No desde que sus almu