ADRIANO
La mansión estaba en silencio, demasiado para mi gusto. Llevaba horas encerrado en el despacho, revisando una y otra vez los informes que Gael me había dejado. Cuentas europeas, transferencias limpias, rastros que alguien con demasiado poder intentaba ocultar. Había cruzado información con lo que me había entregado Enzo.
Mis ojos ardían, pero el cansancio no me dejaba dormir. No desde que Dalia se había ido. No desde que la dejé marchar con el corazón hecho pedazos. No desde que sus almuerzos habían dejado de llegar. Quizás Gael tenía razón y se había cansado de insistir.
El teléfono vibró sobre la mesa.
Un mensaje.
Lo abrí. Era de Analía. Le había ordenado proteger a Dalia desde que se fue de la mansión y cada día me enviaba un informe.
"Señor, hombres rodeando la casa de la señora."
El corazón me dio un vuelco. El aire me abandonó de golpe. No pensé. No lo dudé.
Tomé la pistola del cajón, la cargué con un chasquido seco y salí disparado por el pasillo. Mi chaqueta quedó tirad