DALIA
El aroma dulce de la masa recién horneada llenaba la cocina. Me limpié las manos con el delantal, satisfecha al ver todas las bandejas ordenadas sobre la mesa. Pasteles de vainilla, de chocolate, de maracuyá… mi pequeño mundo hecho de azúcar y paciencia. Mañana los llevaría a mi trabajo para que se vendieran. Papá siempre soñó con verme cumplir mis metas, y yo me había prometido que lo haría.
—Amor, ¿por qué no adelantamos la pastelería? —dijo Adriano, acercándose por detrás, con esa voz