ADRIANO
Los días habían pasado con un extraño equilibrio entre guerra y calma. Mientras afuera los cuerpos seguían cayendo y la sangre empapaba las calles, dentro de mi mundo inmediato todo giraba en torno a proteger lo que más amaba. Y para lograrlo, cada pieza debía encajar.
La información que Gael había conseguido a través de Paolo era precisa, quirúrgica. Pero Enzo no se quedaba atrás: trabajaba como un maldito sabueso, siguiendo rastros, atando cabos, encontrando huellas que nadie más veía.