GAEL MARCHANT
Había algo que siempre odié: deber favores. Pero con Paolo la cosa era diferente. Desde niños tuvimos esa relación de “te molesto, pero te salvo”. Él era la versión italiana de mí mismo: sarcástico, descarado, con esa capacidad de reírse en medio de un funeral. Quizá por eso me llevaba bien con él, o quizá porque al final sabía que si levantaba el teléfono, Paolo respondía. Nuestras madres siempre decían que eramos casi iguales, aunque yo siempre fui mas guapo.
Encendí mi laptop,