JACKELINE SMITH
El aire fresco de la mañana me golpeaba el rostro mientras caminaba por la ciudad. Tenía ganas de un café antes de ir a ver a Dalia. Su embarazo la tenía demasiado resguardada: Adriano parecía un guardián obsesivo, cuidándola como si el simple hecho de respirar pudiera ser un riesgo. Y aunque entendía la preocupación —después de todo, la mujer llevaba en su vientre el futuro de la familia—, me daba rabia verla tan limitada. Así que decidí ir a visitarla, acompañarla, hacerle reí