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—Listo, ¿vemos si tu padre quiere vernos? —Estaba muy preocupada por Davide, se quedó un largo tiempo de pie junto a la puerta, esperando, hablándole, pero no hubo ni una sola respuesta de su parte. Dav había despertado, ya había desayuno y luego de un baño el bebé estaba muy juguetón aquella mañana.

Le hizo la lectura matutina y jugaron un poco en la alfombra, ambos intentaban distraerse, pero la mente de ella estaba muy preocupada por su esposo.

¿Cómo podía ayudarlo? Por más que intentaba pensar en algo, todo se resumía a que ella no sabía lo que pasaba y que su esposo estaba encerrado en la habitación desde la mañana.

Asesino.

¿De su hermano?

¿Cómo podía acusar una madre a su hijo de semejante manera? Si creyó que no entendía a qué se refería Rosario, tampoco entendía a qué se refería Fiorella.

Comenzó a repasar toda la conversación de madre e hijo para saber qué era lo que estaba pasando por alto.

“Mataste a tu hermano.”

“Monstruo.”

“Asesino.”

“Barata imitación.”

“Nunca serás mi D
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