—Señora, es muy tarde, ya váyase a la cama—le dijo Ana, pasando una manta por sus hombros mientras Chiara esperaba en la puerta la posible llegada de su esposo—. Tampoco almorzó o cenó. ¿No cree que debería de esperar en la cama o al menos comer algo? Hace frío, se va a enfermar.
—Estoy bien, Ana. No te preocupes. Ya puedes retirarte.
—Avíseme si necesita algo. La cena está en la mesa, para ambos. Estoy a su disposición no importa la hora.
—Gracias.
Sujetó bien la manda, sus ojos sin dejar de v