SERENA
Me quedo con la boca abierta, el aire atrapado en mi garganta como si alguien me hubiera robado el aliento. Dante me besó. No fue un roce tímido ni un accidente; fue un beso que me arrancó el suelo bajo los pies, y luego me arrastró del mercado como si fuera un trofeo que no iba a soltar.
Ahora estoy aquí, en coche, con el sonido de su pregunta resonándome en la cabeza: “¿Quieres que sea tu amante?”. Tengo el sabor de sus labios todavía en la boca, cálido, urgente, y mi mente se enreda e