SERENA
Llegamos a su casa casi sin aliento, como si el trayecto desde el coche hubiera sido una carrera silenciosa donde necesitábamos llegar a su casa lo antes posible. Dante cerró la puerta tras de nosotros con un golpe suave, y el sonido reverberó en el aire, marcando el inicio de algo inevitable.
Me giré hacia él, con una sonrisa tímida, y murmuré:
—También quiero un café, ¿sabes?
No era una persona tímida, en ningún aspecto de mi puta vida, pero admito que… esta nueva perspectiva de Dante me tenía un tanto intimidada, porque me había sorprendido, tomado por sorpresa. No me lo esperaba.
Una parte de mí, esa parte que apenas conoce nada de él, salvo lo creado por mi propia obsesión, no se imaginaba que Dante Queen podría ser tan… intenso, directo.
Me veía a mí, sí, con él, pero yo tomando el control de todo, no es que fuera una mujer que le gustara dirigir y ser quien tomara el mando, que sabía que con Dante no me molestaría ser eso.
Realmente era el tipo de mujer, a la hora de ele