SERENA
Damiano regresa hoy de Dubái, y yo ya tomé mi decisión. No voy a pelear más, no voy a desgastarme en una guerra que solo me dejaría en pedazos mientras él sigue intacto.
Gabriele tenía razón: las guerras son eternas, y yo no tengo tiempo para eso. Así que haré las cosas por las buenas, me dejaré llevar por la corriente, al menos hasta donde aguante. Paz con mi esposo, aunque sea una paz con dientes. No significa que me rinda; significa que juego su juego mejor de lo que él espera.
La Mansión Moretti en el Lago di Como está silenciosa cuando despierto, el sol entrando por las ventanas altas y pintando el suelo de madera con rayas doradas. Paso el día preparándolo todo. Llamo a un chef privado para que cocine una cena espectacular: risotto de trufa, filete en salsa de vino tinto, una tarta de chocolate que se derrite en la boca. Hago que decoren el comedor con velas y flores, no porque sea romántica, sino porque quiero que Damiano baje la guardia. Me visto con un vestido rojo san