SERENA
Desperté en la cama de Damiano, el calor de su cuerpo todavía pegado a mi piel como una marca que no podía lavar. La sábana se enredaba en mis piernas, el aire de la suite cargado con el olor de su colonia y mi propio cansancio.
Abrí los ojos, el techo blanco mirándome como un recordatorio de esta maldita jaula, y sentí el peso más fuerte que nunca. No era solo el anillo en mi dedo, ni el año que aún me quedaba con él. Era él. Damiano. Su presencia, su manera de tomarme anoche contra la pared y luego abrazarme como si eso lo arreglara todo. Me giré, vi su espalda ancha subiendo y bajando con cada respiración, y quise gritar. Nunca me había sentido tan atrapada.
¿Y si lo mataba? ¿Un veneno? No, es muy típico de mujeres o cobardes. Creo que la muerte no sería la solución, también sería una salida muy rápida para él.
Un cuchillo en su pecho… eso sí me daría gusto.
Me levanté rápido, la bata cayendo al suelo mientras buscaba mi ropa. No quería estar ahí cuando despertara. Bajé al c