—Pensé que no estarías aquí— dijo rápidamente desde que Adriano abrió la puerta, se acercó para abrazarlo, dejando su cabeza reposar en su cuello, los brazos de Adriano la abrazaron también.
—No me he ido y ya me extrañas.
—Tontito. Vengo para contarte una cosa. — Se adentró en la casa, siguiendo el olor a café.
—¿Cómo te fue anoche?
—Pues… sobre eso venga a hablarte— se giró hacia él, su mano al frente y aquel anillo luciendo en su dedo—. ¡Me ha pedido matrimonio!
—¡Ay, por Dios! ¡Te vas a cas