—Pensé que no estarías aquí— dijo rápidamente desde que Adriano abrió la puerta, se acercó para abrazarlo, dejando su cabeza reposar en su cuello, los brazos de Adriano la abrazaron también.
—No me he ido y ya me extrañas.
—Tontito. Vengo para contarte una cosa. — Se adentró en la casa, siguiendo el olor a café.
—¿Cómo te fue anoche?
—Pues… sobre eso venga a hablarte— se giró hacia él, su mano al frente y aquel anillo luciendo en su dedo—. ¡Me ha pedido matrimonio!
—¡Ay, por Dios! ¡Te vas a casar! —ella corrió hacia él y saltó contra sus brazos, Adriano la elevó por los aires y cuando la dejó de nuevo en el suelo ambos comenzaron a dar saltos tomados de las manos.
—¡Me caso! ¡Me casaré otra vez! — con ese último abrazo completaron la emoción del momento.
Adriano le sujetó el rostro y tiró de sus cachetes, luego le dio un sonoro beso en la frente.
—Eso me pone muy feliz. Estás enamorada de él y claramente él también.
—No me lo esperaba, creí que anoche solo sería una noche normal en un