—Eras una Halloway —le recordó—. Ahora eres una Ravage. Pero la realidad es que siempre has valido, siempre.
La seguridad en su voz se posó en los ojos de ella.
—Si no, no estarías a mi lado. Tenlo por seguro.
Hubo poco espacio para la duda o el cuestionamiento de la profundidad de esas palabras. El mesero abrió el champán frío y dispuso unos aperitivos que lucían hermosos ante ellos. Fue Melissa quien agradeció el servicio, pero, cuando quedaron a solas, tomó su copa con nerviosismo y la acerc