Cap.36

—Ah… por Dios…

Miró a todos lados. La puerta de la casa yacía abierta, las dos camionetas seguían ahí y ni siquiera sabía si había alguien en alguna de ellas. Pero Melissa terminó apretando los ojos cuando su delicado pezón fue apresado entre los dientes.

—Ares…

Él chupó de nuevo, pero pronto le reacomodó las prendas y la besó otra vez. Quería tanto deshacerse en sus brazos, apretarse a él, rozarlo, sentir su piel, toda ella en sus manos. Pero la lucha más intensa de Melissa en ese momento fue
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