—Sí me hacen caso… —murmuró, visiblemente emocionada.
Sin pensarlo, cuando él se acercó a ella, acomodándose delante de los animales, Melissa le buscó la mirada. Jadeó cuando Ares hundió su mano desnuda en su suelto cabello, posicionándola ante su boca, aunque ella logró mantenerse en puntillas sin tocarlo.
—A veces, hay depredadores que se mueven al comando.
Melissa notó cómo los animales cumplieron las órdenes de Ares, todas, incluyendo la de ladrar. Lucían alterados y hasta dispuestos a tira