Su corazón, cargado de agitación, la llevó a deslizar por unos segundos su mirada sobre la mano fuerte que movía el volante con una experticia clara. Jamás imaginó que ver a alguien conducir podría despertar electricidad en esas zonas de su cuerpo, pero lo hacía. Al menos, ver aquel brazo firme, incluso con esos guantes de cuero negro, se estaba convirtiendo en una imagen con un alto sentido de atracción.
Cuando se encontró con la mirada de Ares, desvió de inmediato sus ojos hacia el frente. Lo