Con decisión, Ares le quitó el equipo y lo dejó sobre la mesa, pero, tomándola de la cintura, la elevó sobre sus puntillas, incluso con sus tacones, besándola. La manera en que se abrió espacio en su boca era poderosa, pero demasiado intensa para un lugar público. Y aunque la mente de Melissa le pedía más recato, porque cualquiera podría encontrarlos casi empotrados contra aquella pared, su lengua rozó con curiosidad la de Ares, quien solo le acunó el rostro con una mano, deslizando la otra por