Durante mucho tiempo pensé que la palabra familia era una promesa.
Un lugar de origen, un refugio imperfecto, pero reconocible. Un espacio donde los vínculos se sostenían por afecto, por historia compartida, por elección emocional, incluso cuando nadie lo admitía en voz alta.
Los Vance me obligaron a entender que estaba equivocada.
La familia, en su caso, no era un lazo, era una estructura.
No lo comprendí de golpe, nadie lo hace. Estas cosas no se revelan con una escena dramática ni con una co