Protección.
Las advertencias no llegaron como mensajes anónimos ni como sobres cerrados bajo la puerta, llegaron como consejos.
Ese fue el primer detalle que me inquietó. Nadie me dijo que estaba en peligro. Nadie mencionó consecuencias.
Nadie elevó la voz ni usó un tono que pudiera clasificarse como amenaza. Todo fue dicho con una cortesía impecable, casi cuidadosa, como si el objetivo no fuera asustarme, sino reencuadrar mis decisiones.
Como si todavía estuviera a tiempo de elegir bien.
La primera ocurri