El viaje se volvió interminable después de mi fallido intento de huída. Habían pasado horas desde que dejamos atrás todo los alrededores que conocía y las últimas luces de los pueblos quedaron enterradas en la distancia. El camino serpenteaba entre montañas y bosques tan densos que apenas dejaban pasar la luz del sol. Cada kilómetro que avanzábamos me arrancaba un pedazo de aire, como si la distancia me encadenara más al destino que me aguardaba.
Yo miraba por la ventana del auto en silencio, o