El amanecer llegó cubierto de un frío cortante que se filtraba por las ventanas de piedra. Apenas el sol se asomó sobre las torres de la fortaleza, una doncella entró en mi habitación sin tocar, con la voz temblorosa de quien temía el nombre que pronunciaba.
—El alfa ordenó que se presente en el campo de entrenamiento, mi lady.
Mi corazón dio un salto. No entendía. ¿El campo de entrenamiento, otra vez? Parece ser que se divirtió poco ayer humillándome, y hoy desea repetirlo. Si piensa que le