Al llegar a casa con Oliv me encontré con Massimo en la sala. Lucía cansado, pero se veía de alguna forma radiante, feliz. Una felicidad que solo le había visto expresar el día en que Oliv nació.
Su mirada se enfocó en la niña y ella sonrió al ver a su papá.
—Papi —exclamó extendiendo sus manitas y con cuidado la dejé sobre los brazos de su papá.
—Hola mi pequeña. Que bonita estás con ese vestido.
El estómago se me apretó y me pregunté por qué yo no pude ser la mujer que él necesitaba para es