La grabación terminó con un silencio tan denso que podía cortarlo con un cuchillo. No era el silencio plácido de la noche que envolvía las calles de la ciudad, un manto de paz sobre el bullicio cotidiano. Este era un vacío estruendoso, un eco de las voces recién silenciadas que aún resonaban en mi cráneo, taladrando mi mente con su fría lógica y sus despiadados planes. Cada partícula de aire en la habitación parecía haberse solidificado, cargada con el peso de las palabras que acababan de ser p