AMBER PIERCE
Su boca se apoderó de la mía, con esa confesión inconclusa y ese deseo que parecía poseernos cuando estábamos tan juntos. La atracción era innegable, pero… ¿qué había del amor? ¿Se podía decir lo mismo? ¿Por lo menos existía entre nosotros?
Todas esas preguntas fueron silenciadas por sus labios y yo me dejé callar, envolviendo mis brazos en su cuello, pegando mi cuerpo al suyo, disfrutando de su sabor y de sus manos que se escabullían por debajo de mi vestido.
No nos dimos cuenta