AMBER PIERCE
—¿Vas a darme la ley del hielo el resto del día? —preguntó Byron mientras el auto avanzaba. Por primera vez volteé hacia él. Su gesto era ecuánime, apacible, como si nada le importara y me sentí peor de decepcionada, porque no podía medir mi valor en él.
—¿Hay algo de qué hablar? —inquirí encogiéndome de hombros y volteando hacia la ventana, a través de la que veía el auto de Anthony, moviéndose con elegancia por la avenida. Sonreía con Karen y esperaba que surgiera algo entre los