La noche cayó como un manto oscuro sobre el cansancio de Bianca. El agotamiento, tanto físico como emocional, la arrastró a un sueño profundo en el instante en que su cabeza tocó la almohada. Soñó con un día mejor, uno en el que las palabras no pesaran y los encuentros no la dejaran sin aliento. Se aferró a esa idea, a esa pequeña esperanza, y durmió como una roca.
A la mañana siguiente, lejos de la ciudad y de su rutina habitual, Jackeline se reunía con sus amigas en un café. La charla fluía,