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A la mañana siguiente, Bianca despertó con la tranquilidad de haber dormido lo suficiente. Se levantó, despertó a los niños y, mientras se dirigía al baño para ducharse, el teléfono sonó. Era Julia, la niñera, que con una tos ahogada le informaba que no podría ir.

—Lo siento mucho, Bianca —dijo Julia, su voz sonaba afectada—. No creo que pueda cuidar de los niños hoy. Estoy un poco enferma.

Bianca se preocupó de inmediato.

—¿Cómo te sientes, Julia? ¿Estás muy mal?

—Pues sí, me siento un po
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