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El sol se filtraba tímidamente por la ventana, pintando franjas doradas sobre el suelo de madera. Bianca se revolvió entre las sábanas, sintiendo el peso del cansancio —no físico, sino emocional— que la seguía desde la noche anterior. La cama era su refugio, un lugar donde podía esconderse de la realidad, de los pensamientos sobre el trabajo, sobre Eric Harrington. La tentación de quedarse era fuerte, pero la culpa era aún mayor. No podía desperdiciar un día, no con sus hijos. Se incorporó, esti