Bianca se despertó con un cosquilleo de nervios y emoción. Esta mañana era diferente. Por primera vez, iría a Pretty de forma presencial. La casa de moda, conocida por su vanguardia y elegancia, sería ahora su segundo hogar.
Había pasado la noche anterior revisando sus bocetos, eligiendo el atuendo perfecto —un traje sastre de lino color crema, con un top de seda azul vibrante que rompía la seriedad— y preparando mentalmente su discurso para presentarse.
Después de dejar a los niños con Julia,