Bianca sacudió la cabeza, un suspiro escapando de sus labios.
—¡Ya basta! —se dijo a sí misma en voz alta, aunque solo los muebles de la cocina la escucharan.
Había perdido la cuenta de las veces que se había repetido que el divorcio de Eric y “esa mujer” no era asunto suyo. En serio, ¿por qué su mente seguía clavada en algo que no le concernía en lo más mínimo? Era una tontería. Con un gesto de resolución, tomó su teléfono y sin dudarlo, borró aquella grabación que había conservado. ¿Para qué