Después del trabajo, Eric condujo directamente a la imponente mansión de sus padres. Sabía que la confrontación era inevitable, y la tensión que había flotado en el aire de la oficina lo había seguido hasta allí. Apenas cruzó el umbral, su padre, George, lo abordó con una solemnidad inusual.
—Eric, hijo —empezó George, su voz grave y directa—. ¿Es cierto que te vas a divorciar de Tatiana, o son solo rumores sin fundamento?
En ese instante, Jackeline, su madre, hizo su rápida aparición, sus ojos