El aire del nuevo departamento en Nueva York era distinto, imbuido de una promesa de futuro. Bianca entró por primera vez, seguida de cerca por Olivia y Henry, y se quedó gratamente sorprendida. El espacio era luminoso, lujoso sin rozar la ostentación, y transmitía una sensación de amplitud y confort.
Las enormes ventanas ofrecían vistas espectaculares de la ciudad, un tapiz urbano que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Los niños, por su parte, estaban visiblemente contentos, sus peque