El viaje de Bianca y Eric al trabajo fue corto, pero el silencio en el auto llenaba el espacio. Cuando llegaron, Bianca le dio las gracias por llevarla.
—¿Puedo pasar y recogerte? —le preguntó Eric, con una sonrisa.
—Te enviaré un mensaje, a veces surgen cosas —emitió ella, todavía un poco cautelosa.
—Está bien —declaró él, y sus ojos se encontraron en un instante de entendimiento. Ella le sonrió, y él se fue a su trabajo con una sonrisa en el rostro. Eric se sentía demasiado feliz, como si la