Esa mañana, Bianca fue al trabajo como de costumbre, sin imaginar que, antes de poner un pie en la compañía, se encontraría frente a ella la figura de una mujer que había cambiado tanto que apenas parecía la misma. Se veía delgada y llena de ojeras, con una mirada extraña. Bianca pudo darse cuenta de que los ojos azules de esa mujer habían perdido hasta el brillo; se habían oscurecido. Era Tatiana.
—No sé si debería presentarme ante ti o si ya no hace falta hacerlo —comenzó Tatiana, con una m