Bianca despertó, pero las palabras de Tatiana seguían grabadas en su cabeza. Todavía podía sentir la rabia y la malicia en su voz. Se sintió abrumada por la preocupación, pero no podía dejarse someter por el miedo. Después de todo, tenía que proteger a sus pequeños y mostrarse fuerte. Mientras se levantaba de la cama, la incertidumbre la atormentaba. Por un lado, sentía que no podía contarle a Eric lo sucedido; por el otro, sabía que debía involucrarlo. Se trataba de sus hijos y de su exmujer.
Trató de mantener la cabeza fría y de pensar claramente. Después de asearse, se vistió para ir al trabajo y, al salir, ayudó a los niños a prepararse para el colegio. Julia todavía no había llegado, y Bianca se preocupó porque ya se estaba haciendo tarde. Le pareció extraño que la niñera no estuviera allí, así que decidió llamarla.
—Buenos días, Bianca. Me quedé dormida, lo lamento mucho —contestó Julia, con una voz somnolienta—. Anoche terminé acostUna mañana agobiante
Bianca despertó, pero las